El mito de la cama grande: Durmiendo con papá y mamá.

Dormir con nuestros hijos o no hacerlo es un tema polémico. Diversos profesionales aconsejan que los bebés no deben llegar a conocer la “cama grande”, de esta forma no la pedirán. Sin embargo, existen culturas donde lo normal es que padres e hijos compartan el mismo lugar de descanso. En Japón, tradicionalmente los niños duermen con sus padres hasta los cinco años. Un estudio realizado en 2006 reveló que el 93% de los niños de la India de entre tres y diez años, dormían con sus padres. En las culturas occidentales por el contrario, se acostumbra que cada cual tenga su cama y, si es posible, su propio cuarto.

Los niños nacen “sabiendo” cómo comer, dormir, orinar. Los padres les enseñamos diversas maneras de hacer y desarrollar estas conductas. Para ello, la cultura nos brinda costumbres y hábitos, colectivamente compartidos, aceptados. Es entonces que enseñamos a nuestros hijos a comer con tenedor y cuchillo, a orinar en el baño, y a ponerse el pijama y lavarse los dientes para dormir. Les enseñamos también que cada uno duerma en su propia cama, con su almohada y sábana. Son hábitos, costumbres propias de cada cultura. ¿Pero quién dice que lo “correcto es dormir con sábana”? y ¿Dónde dice que está mal compartir una cama? En ocasiones se habla de los efectos negativos emocionales que puede tener para un niño dormir con sus padres, pero las investigaciones no sostienen esta creencia popular.

¿Por qué los niños insisten en dormir con sus padres?

En primer lugar, es importante resaltar que para los niños es una necesidad, no se trata de una “maña”; ni tampoco significa que sean “malcriados”. Existen investigaciones que han demostrado un cambio en los neurotransmisores de los mamíferos cuando no se encuentran cerca de sus progenitores. En la prehistoria, los niños dormían con su madre en cuevas, de lo contrario, podían ser devorados por depredadores. No existía una cueva para cada miembro de la familia. Era un tema de supervivencia.

Esta misma vivencia se mantiene hoy en día. El bebé desconoce que en la seguridad de su casa no corre aquellos peligros. Los niños reclaman la presencia de sus padres para sentir seguridad. Algunos aprenden el hábito de dormir en su propia cama más rápido que otros. De todas formas, si no se presentan inconvenientes, todos los niños, en algún momento, dormirán toda la noche en su propia cama, sin reclamar la presencia de un adulto.

Mientras tanto, hay padres que optan por dormir toda la noche con sus hijos. Esto es común en varias culturas. Hay autores, como el pediatra español Carlos González y la psicóloga argentina Laura Gutman, que sostienen la importancia de practicar el colecho (esto es que los bebés o niños pequeños duerman con uno o los dos progenitores, en el mismo cuarto, o incluso en la misma cama). Estos autores sostienen que a través de la contención emocional y el acompañarlos en el proceso del sueño, se fortalecen aspectos emocionales del niño, para en un futuro ser un sujeto independiente y seguro de sí mismo.
Por otro lado, hay autores como el Dr. Estivill, que enseñan métodos para “adiestrar” a los niños a dormir solos. Estos métodos se basan en aumentar los intervalos en que el niño está solo para dormirse, y aunque llore, no recurrir a consolarlo. El Dr. Estivill ha aclarado últimamente que estos métodos no se pueden aplicar antes de los 3 años, por las consecuencias emocionales que puedan producir.

Muchas veces, los padres pasamos a los bebés a nuestras camas por un tema de comodidad. Así evitamos despertarnos varias veces en la noche, a la vez que es más conveniente para amamantar. Existen padres que disfrutan el colecho, pero otros al crecer los niños, se empiezan a incomodar y pretenden que pasen a dormir a su propia cama. Es inevitable, entonces, que se generen conflictos. En estos casos, es importante que los padres entiendan que aprender una nueva forma de dormir requiere cariño, tiempo y paciencia.

Los estudios indican que, cuanto más grande es el niño, menos duerme con sus padres. Esto se produce naturalmente. Pueden suceder situaciones estresantes o incómodas que hagan que los niños busquen la cama de sus padres con mayor frecuencia: cuando le están saliendo los dientes, si están enfermos, alguna situación familiar especial (nacimiento de un hermano, separación de los padres, cambio de escuela, entre otras). Cuando esta solicitud se da en exceso, especialmente en niños mayores de cinco años, puede ser necesario consultar con un profesional.

No hay recetas que indiquen qué es lo correcto. Es interesante conocer que los niños duermen de distinta manera alrededor del mundo y que las costumbres culturales tienen mucha incidencia en la educación que les brindamos a nuestros hijos. Sin embargo, cada padre o madre deberán discernir juntos qué hábito consideran más apropiado en su familia y para cada hijo en particular.

Referencias:
Bharti B, Patterns and problems of sleep in school going children. Indian Pediatric. India. 2006. González, C. Bésame Mucho. Ed. Temas de Hoy. Madrid. 2003. José, R. Dormir sin lágrimas. La esfera de los libros. Madrid. 2007. UNICEF. Dormir en la misa cama con el bebé. Reino Unido. Febrero, 2004

Claudia López
Licenciada en Psicología
www.nacemama.com
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