El sueño del recién nacido. ¿Enseñarle a dormir? O ¿Acompañarlo en el proceso?

El sueño en los niños es un tema frecuente de preocupación en los padres. Durante el embarazo nos preguntamos si nuestro bebé será “dormilón” o por el contrario, nos mantendrá en vela durante varias noches.
Resulta útil conocer cómo funciona el sueño en los bebés y de esta forma tener expectativas reales, así como poder organizarnos para poder resolver las diferentes situaciones de la mejor forma posible.

El sueño es un proceso evolutivo. Es decir que los bebés no nacen durmiendo de la misma forma que lo hace un adulto. Si conocemos el proceso del sueño, y lo acompañamos consecuentemente, ayudaremos al correcto desarrollo del mismo y reduciremos las chances de que aparezcan dificultades en el futuro.

¿Debemos enseñarles a dormir a los bebés?

Los bebés duermen desde que están en la panza de sus madres. La idea de que los padres deben “enseñar” a dormir es un concepto errado. Nosotros podemos enseñar hábitos o rutinas, pero no enseñamos a dormir. Estas rutinas siempre deben tener en consideración las necesidades de los niños más que la de los padres.

Un bebé recién nacido hasta los 3 meses de edad, dormirá la mayor parte del día, entre 14 a 20 horas, según las distintas características del niño. Sus necesidades principales son las de alimentarse y crecer, para evitar hipoglicemias (esto es que el nivel de azúcar en la sangre baje más de lo el organismo tolera) el bebé precisa comer frecuentemente. El sueño siempre se ajusta a las necesidades del niño, y va evolucionando de acuerdo al momento vital en el que se encuentre. Por esta razón, un bebé recién nacido tiene un sueño liviano, y dormirá por períodos de 2 a 5 horas en promedio.

¿Debemos dejarlos llorar para que aprendan a dormir?

Muchas veces escuchamos a los padres quejarse que el bebé duerme plácidamente en los brazos, pero apenas es puesto en la cuna comienza a llorar. Algunas personas le llaman a esto “maña”, y dicen que se lo debe dejar llorar para que “aprenda a dormir.” Las investigaciones no apoyan esta idea. En los primeros meses el bebé no tiene la capacidad intelectual como para intentar manipular a los padres a través del llanto. Cuando un bebé llora nos está expresando una necesidad. Y es cierto, los bebés duermen más fácilmente en brazos, porque instintivamente saben que si están en contacto con otro ser vivo, tienen mayores posibilidades de sobrevivir.

Recordemos que los instintos son parte de nuestra naturaleza, y responden a necesidades que los seres humanos hemos tenido a lo largo de toda la historia de la humanidad. En la prehistoria, un bebé humano que era dejado solo, era devorado por algún depredador. Forma parte de un instinto de supervivencia el procurar estar en brazos. De esta forma se explica por qué un bebé llora cuando se da cuenta que es dejado solo. Con el tiempo, aprenderá a ser cada vez más independiente, pero no debemos forzar este aprendizaje.

Existen teorías de adiestramiento del sueño que plantean el dejar solo al niño, y un adulto se hace presente cada tantos minutos, hasta que el niño se duerme. Según estas teorías, esta rutina se realiza de forma inalterable, a pesar del llanto o las manifestaciones del bebé. Investigaciones recientes hablan de que estos métodos pueden tener consecuencias neurológicas y psicológicas importantes. Los estudios demuestran que estos procedimientos, con el correr de los años, tienen efectos neutros o negativos a futuro en los niños, nunca positivos.

“Mi bebé tiene 3 meses, y yo no puedo más de sueño. Desde que nació, no duermo más de 3 horas seguidas!”

En la actualidad los papás solemos trabajar varias horas durante el día, y es cierto que precisamos descansar durante la noche. Sin embargo, es importante tener expectativa reales respecto del sueño de nuestros bebés. Es esperable y muy sano que un bebé se despierte frecuentemente, y no deberíamos intentar alterar este patrón. Los que necesitamos dormir de corrido somos los adultos, no así los niños.

La naturaleza pensó en la necesidad de ambos, cuando la mujer amamanta se segregan hormonas que ayudan a descansar a la mamá y al bebé. Por esta razón se aconseja que la mamá duerma cuando el bebé lo hace, acompañando el ritmo del bebé.

Asimismo, los humanos necesitamos de nuestra comunidad y de la ayuda de los demás. Es frecuente encontrarnos con papás primerizos que creen que ellos tienen que “poder solos”. Que prefieren que nadie los visite ni recibir ayuda. Es muy difícil de esta forma. Dejar que nos ayuden, que nos preparen la comida, o cuiden al bebé mientras descansamos, pueden ser buenos recursos para acomodarnos a las necesidades del bebé.

También recordar que estos ritmos de sueño no se van a mantener para siempre, son los primeros meses. Con el tiempo el bebé comenzará a tener ritmos más regulares, y períodos más largos de descanso.

¿Qué puedo hacer por mi hijo?

Como mencionamos anteriormente, los papás no podemos enseñar a dormir, pero sí podemos acompañar este proceso de forma que sea saludable para todos los involucrados.

Lo primero puede ser preguntarnos cómo son nuestras costumbres, nuestras rutinas y hábitos. ¿Nos acostamos tarde en la noche? ¿La casa es ruidosa hasta altas horas de la noche? ¿Cómo paso tiempo con mi bebé? ¿Lo estimulo demasiado previo a la hora de dormir?

Las rutinas familiares colaboran o no con la forma en que el bebé duerma. Padres que acostumbran acostarse tarde, seguramente mantendrán rutinas y hábitos que hagan que el bebé duerma tarde en la noche. Revisar nuestras rutinas nos pueden ayudar a ver de qué forma podemos mejorar los períodos de sueño.

Para conciliar el sueño es más fácil si estamos en un ambiente tranquilo, si realizamos actividades que nos ayuden a relajarnos. Si deseamos que el bebé duerma a determinada hora, porque esto ayudaría en la rutina familiar, podemos generar instancias de relajación: un baño caliente, ofrecerle el pecho, cargarlo en brazos, entre otras.

Es importante ser consecuentes en las rutinas que planteamos. Si un día intentamos que duerma a una hora, y el otro cambiamos el horario, es muy difícil que el niño lo pueda incorporar como hábito.

Cada niño es único y tendrá sus propios ritmos de sueño. Como papás, es importante entender que la naturaleza diseñó las distintas etapas del sueño para satisfacer las necesidades del niño. Es un proceso evolutivo, e irá cambiando hasta llegar al sueño del adulto. No resulta sano forzar este proceso para que se ajuste a las nuestras necesidades, pero sí podemos ir acompañando, de forma que los niños adquieran bueno hábitos. El dormir fue pensado para disfrutar, para que el cuerpo pueda descansar. Procuremos que sea un momento agradable tanto para el niño como para los papás.

Lic. en Psic. Claudia López
www.nacemama.com
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